
Por qué las tormentas dan miedo a perros y gatos
Lo primero, porque tranquiliza: el miedo a los truenos es de los problemas de conducta más comunes en animales de compañía y no dice nada malo de tu perro ni de cómo lo has criado. En el estudio de la Universidad de Bristol sobre miedo a los ruidos, casi la mitad de los propietarios describía al menos una señal de miedo ante truenos, petardos o disparos, aunque solo uno de cada cuatro llamaba «miedoso» a su perro. En gatos, el grupo de medicina del comportamiento de AVEPA maneja cifras cercanas al 60 %. Lo segundo: una tormenta no es un ruido, son cinco o seis estímulos a la vez, y varios llegan por sentidos que nosotros tenemos peor afinados. El trueno es el más evidente y no siempre el que más asusta.
Qué elementos de la tormenta provocan el miedo
Saber cuál de estos estímulos afecta a tu animal cambia lo que puedes hacer en casa: contra un destello sirve bajar la persiana, y contra la vibración del trueno no.
| Estímulo | Qué percibe el animal | Por qué asusta |
|---|---|---|
| Truenos | Un gato oye hasta unos 65-85 kHz y un perro hasta unos 45; una persona, 20 | Ruido intenso, impredecible y sin patrón: no se puede anticipar ni localizar |
| Relámpagos | Destellos que atraviesan persianas, cortinas y párpados cerrados | Rompen la penumbra de golpe y anuncian el trueno, así que activan la alerta antes |
| Caída de presión y humedad | Cambio ambiental que empieza bastante antes del primer trueno | Explica que el animal reaccione cuando desde la ventana aún no pasa nada |
| Viento y lluvia | Toldos, persianas y ramas moviéndose; agua golpeando cristales | Sonidos continuos y nuevos que el animal no puede identificar ni asociar a nada |
| Vibración | Onda de baja frecuencia que se transmite por suelo, paredes y cristales | No se oye, se siente en el cuerpo; en pisos altos y suelos duros se nota más |
| Electricidad estática | Carga acumulada en el pelaje, sobre todo en perros grandes de manto denso | Explicación discutida, pero encaja con los perros que se meten en la bañera o detrás del inodoro |
El miedo casi nunca aparece de golpe
Salvo un susto muy intenso y aislado, esta fobia se construye tormenta a tormenta: cada episodio confirma la asociación entre las señales previas —el viento, la luz que cambia— y el estruendo que llega después, así que el animal reacciona cada vez antes y con más intensidad. En el estudio de Bristol el riesgo aumentaba con la edad. De ahí la consecuencia práctica más importante del artículo: cuanto antes se trabaje, menos episodios habrá reforzando la asociación. Margen hay, porque en ese mismo estudio menos de un tercio de los propietarios había pedido consejo profesional.
¿Miedo normal o fobia? Cómo distinguirlo
Que un animal se sobresalte con un trueno es normal y adaptativo: un ruido enorme e inexplicable merece precaución. El problema no es la reacción, es su intensidad, su duración y lo que le impide hacer. La pregunta útil no es «¿tiene miedo?», sino «¿cuánto tarda en volver a ser él?». Un animal con miedo normal se recupera en minutos cuando el ruido cesa; uno con fobia sigue jadeando o escondido horas después.
| Nivel | Qué se ve | Qué hacer |
|---|---|---|
| Inquietud normal | Se sobresalta, levanta la cabeza, busca compañía o un sitio recogido; sigue comiendo y jugando entre truenos | Refugio disponible y actitud normal en casa. No hace falta nada más |
| Miedo intenso | Tiembla, jadea, se esconde, no acepta comida, empieza antes de la tormenta y tarda en recuperarse | Preparación previa, trabajo de desensibilización fuera de temporada y consulta veterinaria |
| Fobia | Pánico: intenta escapar, rompe puertas o ventanas, se hace heridas, se descontrola durante horas y anticipa con horas de margen | Consulta con veterinario y derivación a etólogo. Aquí un plan casero no basta |
Señales de miedo que pasan desapercibidas
Temblar, ladrar y esconderse son las señales que todo el mundo reconoce, pero muchos animales no hacen ninguna de las tres y su familia da por hecho que las tormentas «no les afectan». El cuerpo habla bastante antes que la conducta. Hay una prueba casera para medir el estrés en tiempo real: ofrécele un premio que normalmente aceptaría sin dudar. Si lo rechaza, está por encima de su umbral de tolerancia. Es la misma señal que usarás luego para saber si el entrenamiento va demasiado rápido.
Señales en el perro
Muchas son fisiológicas y no dependen de su voluntad, así que aparecen aunque esté quieto y en apariencia tranquilo:
- Jadeo sin calor ni ejercicio, con la lengua ancha y la boca tensa.
- Pupilas dilatadas, orejas hacia atrás, cola baja o pegada al abdomen.
- Bostezos, relamerse el morro, sacudirse como si estuviera mojado.
- Huellas húmedas en el suelo: el perro estresado suda por las almohadillas.
- Caspa que aparece de repente y pelo que se suelta a puñados.
- Deambular sin rumbo, arañar puertas, buscar contacto físico insistente.
- Micción o defecación en casa en un perro que no lo hace nunca.
Señales en el gato
El gato se apaga en vez de exagerar, y por eso su miedo se subestima tanto. Mira la postura y lo que deja de hacer:
- Se esconde en un sitio nuevo, más cerrado y más alto o más bajo de lo habitual.
- Postura agazapada, bigotes hacia atrás, pupilas muy dilatadas, orejas giradas a los lados.
- Se queda inmóvil largo rato: la quietud absoluta no es calma, es bloqueo.
- Deja de comer, de beber o de usar el arenero mientras dura el episodio.
- Bufa o araña si lo tocas, incluso siendo un gato sociable.
- Días después: sobreacicalado, orina fuera del arenero, menos contacto con la familia.
Perro y gato no tienen el mismo miedo
La diferencia de fondo es la estrategia: el perro busca y el gato desaparece. Ante una amenaza que no entiende, el perro se acerca a su familia o intenta huir del ruido; el gato se esconde y espera inmóvil. Eso cambia lo que te toca hacer. Con un perro: estar disponible, mantener la casa previsible y evitar que se lance contra una puerta. Con un gato: asegurar buenos escondites y no tocarlo, porque sacarlo de debajo de la cama para consolarlo es quitarle lo único que le está funcionando. Y cambia la factura. El perro con pánico se hace daño intentando escapar; el gato rara vez rompe nada, pero puede dejar de comer, orinar fuera del arenero o volverse arisco durante días. Un gato que lleva más de 24 horas sin comer es una urgencia por riesgo de lipidosis hepática, no un gato de mal humor.
Antes de la tormenta: preparar la casa y el refugio
Casi todo lo que puedes hacer se hace antes, y con el cielo despejado. Improvisar cuando ya está tronando es tarde: el animal ya está por encima de su umbral y no aprende nada nuevo en ese estado.
Cómo preparar una zona segura dentro de casa
Un buen refugio no es el que a ti te parece acogedor, sino el que el animal ya elige por su cuenta. Observa dónde se mete y mejora ese sitio en vez de montar uno nuevo en la otra punta del piso:
- Habitación interior, sin ventanas o con la persiana bajada, lo más lejos posible de la fachada.
- Espacio pequeño y con techo —transportín con la puerta abierta, hueco bajo la cama, armario entreabierto—: lo cerrado por arriba tranquiliza más que una cama en mitad del salón.
- Mantas y una prenda tuya usada: el olor familiar es parte del refugio.
- Accesible siempre y nunca cerrado con pestillo. Encerrar a un animal asustado es la vía rápida a las uñas rotas y los dientes partidos.
- Agua dentro, porque un animal estresado no cruza la casa a beber.
- Para gatos, dos escondites a alturas distintas y con salida: un gato acorralado se defiende.
- Con varios animales, un refugio por cabeza: el miedo compartido en un espacio pequeño acaba en conflicto.
Persianas, ventanas, luces y ruido de fondo
Sí conviene cerrar ventanas y bajar persianas o cortinas: amortiguan algunos decibelios, tapan los destellos y quitan de la ecuación la vía de escape más peligrosa de la casa. Deja las luces interiores encendidas, porque en una habitación iluminada el relámpago contrasta menos. El ruido de fondo enmascara los picos, no los elimina: música tranquila, televisión, un ventilador o ruido blanco a volumen normal, puesto antes de que empiece. Subir el volumen por encima del trueno añade un estímulo más en vez de restarlo. Un matiz honesto: en la encuesta de Riemer con 1.225 propietarios, las medidas de manejo —esconder, poner música— aparecían asociadas a peores puntuaciones de miedo, casi con seguridad por causalidad inversa, porque se recurre a ellas cuando el animal ya está muy mal. La lectura no es dejar de dar refugio, sino no conformarse con él y trabajar además el entrenamiento.
Las dos horas previas
Con un aviso meteorológico en el móvil, esta rutina cabe en diez minutos:
- Saca al perro a hacer sus necesidades antes de que cambie el tiempo y adelanta la cena si va a coincidir.
- Mete al gato en casa y bloquea la gatera.
- Abre el refugio, pon las mantas y deja el agua dentro.
- Ten preparado un masticable de larga duración o un juguete dispensador relleno y congelado.
- Comprueba que el teléfono asociado al microchip es el actual: un chip con un número antiguo no sirve de nada.
- Si usas difusor de feromonas, enchúfalo con días de antelación en la habitación donde vaya a estar.
- Cierra ventanas, mosquiteras y terrazas, y avisa en casa de que nadie abra la puerta sin mirar antes dónde está el animal.
Durante la tormenta: qué hacer y qué evitar
Tu actitud es el estímulo más informativo de la casa. No se trata de fingir alegría —el paripé se nota— sino de seguir con lo que estabas haciendo, hablar con tu tono normal y estar disponible sin agobiar. Si acepta comida, es buen momento para darle algo que masticar: masticar libera endorfinas, baja el cortisol y ocupa la mandíbula durante los veinte minutos peores. Si no la acepta, no insistas: está por encima de su umbral, y ahí lo único que toca es su refugio y tu compañía.
¿Se puede acariciar y consolar a un perro con miedo?
Sí. La idea de que consolar «refuerza el miedo» es el mito más extendido y el más dañino, y confunde dos cosas: el refuerzo actúa sobre conductas voluntarias, no sobre una emoción involuntaria. Nadie ha hecho a su perro más fóbico por abrazarlo. Lo que sí importa es cómo. Caricias largas y lentas por el pecho, el hombro y el lomo, voz normal y sin agudos, nada de abrazos que inmovilicen. Si busca contacto, dáselo el rato que quiera; si se aparta o se mete en su escondite, acompañar es quedarse cerca sin tocar. Un dato del estudio de Dreschel y Granger en perros con fobia a las tormentas: la conducta del propietario no modificó la respuesta hormonal de los perros, pero sí hubo algo que la redujo y aceleró la recuperación, la presencia de otro perro en casa.
Errores frecuentes que empeoran el miedo
Casi todos son bien intencionados, y ese es el problema:
- Regañar los ladridos, los destrozos o el pis en casa. Nada de eso es desobediencia: es pánico, y el castigo añade miedo a tu figura justo cuando eres el refugio.
- Sacar al gato de su escondite para tranquilizarlo, o taparle el acceso.
- Encerrar al perro en un transportín cerrado o con llave si no está habituado: de ahí salen casi todas las heridas graves de estas noches.
- Sacarlo a la calle en plena tormenta «para que vea que no pasa nada»: exponer de golpe a un animal aterrado consolida la fobia, no la cura.
- Consolar con voz aguda y nerviosa o ir y venir por la casa: eso sí confirma que ocurre algo grave.
- Dejarlo solo en el jardín, la terraza o el garaje.
- Darle medicación humana, restos de otro tratamiento o lo que le funcionó al perro de un amigo.
La fuga: el riesgo que casi nadie calcula
Un animal en pánico deja de reconocer su entorno: salta vallas que nunca ha saltado, rompe mosquiteras y corre en línea recta hasta perderse lejos de casa. Las noches de tormenta y pirotecnia son las que más animales perdidos generan del año, y una parte acaba atropellada. Los destrozos vienen del mismo sitio: la puerta arañada y el marco mordido no son rabietas, son intentos de escapar, y salen caros en uñas arrancadas y dientes rotos. La prevención va por cerrar salidas:
- Microchip con el teléfono actualizado y placa identificativa en el collar.
- Ventanas, mosquiteras y puertas de terraza cerradas mientras dure el episodio.
- Gatera bloqueada y gato dentro de casa desde antes del aviso.
- Si hay que salir sí o sí, arnés antiescape, nunca solo el collar.
- Una foto reciente de cuerpo entero en el móvil: es lo primero que te piden si hay que buscarlo.
- Repasa el jardín: huecos bajo la valla, puertas que el viento abre, muebles que permiten trepar.
Cuando la tormenta pasa
La recuperación dura bastante más que la tormenta. En el estudio de Dreschel y Granger, el cortisol de los perros fóbicos subió un 207 % tras la exposición y seguía sin volver a valores basales cuarenta minutos después: que ya no truene no significa que tu perro esté bien. Deja que salga del refugio cuando quiera, sin llamarlo. Ofrécele agua y, un rato después, comida. Revisa almohadillas, uñas, encías y morro por si se hizo daño, y comprueba cristales y mosquiteras antes que el desorden. Apunta también dos líneas en el móvil: cuándo empezó, qué señales viste y qué probaste. Ese registro es justo lo que tu veterinario necesita, y es imposible de reconstruir de memoria tres meses después.
Trabajar el miedo cuando el cielo está despejado
Aquí está la parte que de verdad cambia el pronóstico. En la encuesta de Riemer, lo que más propietarios señalaron como eficaz no fue ningún producto: fue el contracondicionamiento con comida (70,8 %) y el entrenamiento en relajación (69,3 %), por delante incluso de la medicación prescrita (68,9 %). La mala noticia es que ese trabajo no se puede hacer durante una tormenta. La buena, que se hace en sesiones de diez minutos en el salón.
Desensibilización y contracondicionamiento, paso a paso
Son dos cosas a la vez: bajar la intensidad del estímulo hasta que no dé miedo (desensibilización) y emparejarlo con algo estupendo para cambiar lo que significa (contracondicionamiento).
- Consigue una grabación de truenos y lluvia y ponla a un volumen tan bajo que tu animal apenas la note.
- Suena la grabación → aparece la comida buena o el juego. Se para → se acaba la fiesta. El orden importa: primero el sonido, después el premio.
- Sesiones de cinco a diez minutos, tres o cuatro veces por semana. Mejor breve y frecuente que largo y esporádico.
- Sube el volumen solo cuando reaccione girando la cabeza hacia ti con interés, no con tensión. Si deja de comer, has subido demasiado: vuelve al nivel anterior.
- Con el sonido asumido, añade las demás piezas por separado: destellos con la luz de la habitación, viento, lluvia.
- Cuenta en semanas o meses. Un salto rápido de volumen deshace en una sesión el trabajo de tres.
Enseñar el refugio y la calma sin tormenta
En paralelo, dale valor al refugio con el cielo despejado: los premios buenos ahí, juego cerca, dormir dentro. Cuando llegue la tormenta habrá un sitio con historial de cosas agradables, y no un rincón asociado solo a noches malas. Una limitación que conviene decir en voz alta: una grabación no reproduce la caída de presión, la vibración ni el olor del aire, y hay perros que aguantan el audio y siguen alterándose con la tormenta real. Aun así rebaja el punto de partida, y sobre eso se construye el resto.
Cuándo empezar
Hoy, no en la próxima tormenta. Esperar al episodio siguiente es entrenar en el peor momento: por encima de su umbral el animal no aprende nada, solo suma una repetición más de la asociación. En cachorros la ventana de socialización va de las 3 a las 14 semanas y en gatitos de las 2 a las 7; exponerlos ahí a ruidos cotidianos —tormentas grabadas incluidas— en contexto positivo cuesta poquísimo y previene buena parte de estos casos. En adultos, planifica el trabajo en la época con menos tormentas: en España, invierno y principios de primavera, para llegar al verano con la tarea hecha.
Herramientas de apoyo: qué ayuda y qué se vende mejor de lo que funciona
Todo lo que viene a continuación son apoyos. Ninguno resuelve una fobia por sí solo, ninguno funciona igual en todos los animales y ninguno sustituye al entrenamiento ni a la consulta veterinaria. Dicho esto, sabemos bastante sobre cuánto ayuda cada uno gracias a la encuesta de Riemer entre 1.225 propietarios de perros con miedo a los ruidos.
| Recurso | Eficacia percibida | Qué esperar de él |
|---|---|---|
| Contracondicionamiento con comida | 70,8 % | La herramienta principal. Se entrena fuera de la tormenta |
| Entrenamiento en relajación | 69,3 % | Enseña una alternativa a la conducta de pánico; requiere constancia |
| Medicación prescrita | 68,9 % | La decide el veterinario. Se combina con el entrenamiento, no lo sustituye |
| Grabaciones de sonido | 54,4 % | Base de la desensibilización; no reproduce presión ni vibración |
| Chaleco de presión | 44,0 % | Ayuda a una parte de los perros. Hay que habituarlo días antes, en calma |
| Feromonas, nutracéuticos, homeopatía, aceites esenciales | Por debajo del 35 % | Apoyos de efecto modesto y muy variable entre animales |
Para qué sirve cada cosa
Con esas cifras delante, así encaja cada herramienta en un plan realista:
- Refugio, cueva y mantas: la base sobre la que se apoya todo lo demás, y lo único que no falla nunca.
- Masticables de larga duración y juguetes dispensadores: canalizan el estrés y ocupan los minutos peores, mientras el animal siga aceptando comida.
- Sonido de fondo: enmascara los picos del trueno, no cambia lo que el trueno significa.
- Difusores y collares de feromonas sintéticas: menos de un tercio de los propietarios los vio eficaces. Si los usas, enchúfalos días antes y en la habitación donde vaya a estar el animal, no en el pasillo.
- Chalecos y prendas de presión: la presión constante calma a una parte de los perros. Estrénalo en días tranquilos; en plena tormenta es un estímulo más.
- Orejeras y protectores auditivos para perros: restan unos decibelios y sirven en perros ya habituados a llevarlos, con trabajo previo de aceptación. A un animal en pánico no se le pone nada en la cabeza, y en gatos no son una opción.
- Suplementos calmantes (triptófano, caseína alfa-S1, L-teanina): efecto modesto, tardan días o semanas y no valen como rescate esa misma noche. Consúltalos con tu veterinario, sobre todo si ya toma otra medicación.
Cuándo acudir al veterinario o al etólogo
Que el miedo sea frecuente no significa que haya que convivir con él. Hay un punto en el que el plan casero se queda corto, y llegar tarde tiene coste: la fobia tiende a generalizarse a otros ruidos y a otras situaciones.
- Se hace daño: uñas sangrantes, dientes rotos, heridas por intentar salir.
- Destroza puertas, ventanas o marcos, o consigue escaparse.
- No come ni bebe durante horas, o vomita y tiene diarrea tras cada episodio.
- El miedo se ha extendido a petardos, obras, motos, la aspiradora o a quedarse solo.
- Empieza horas antes de la tormenta y no se recupera al día siguiente.
- Un gato que lleva más de 24 horas sin comer o que no orina: eso es una urgencia, no una consulta.
- Aparece de golpe en un animal mayor que antes lo llevaba bien: un dolor articular o una pérdida de audición cambian la forma de reaccionar al entorno, y eso se descarta en la consulta.
Quién hace qué
Los tres perfiles se complementan y conviene no confundirlos:
- Veterinario de cabecera: descarta que haya una causa médica detrás, pauta el primer plan y deriva si hace falta. Siempre es la primera puerta.
- Etólogo veterinario o especialista en medicina del comportamiento (acreditación de AVEPA-GEMCA en España, ECAWBM en Europa): casos graves o que no responden. Diseña el plan de modificación de conducta y prescribe medicación cuando está indicada.
- Educador canino con formación en refuerzo positivo: ejecuta y sostiene la parte práctica del entrenamiento. No diagnostica ni prescribe.
Por qué no se medica por cuenta propia
Porque la elección depende del diagnóstico, del peso, de la edad, de la analítica y de lo que el animal ya tome, y porque no todo lo que hace dormir quita el miedo. Hay sedantes clásicos que inmovilizan sin reducir la ansiedad: el perro se queda quieto, incapaz de reaccionar, y sigue igual de aterrado por dentro; se ha descrito además que pueden aumentar la sensibilidad al ruido. Los medicamentos humanos son directamente peligrosos —los gatos metabolizan muchos principios activos de otra forma y las dosis no se extrapolan por peso— y los restos del tratamiento de otro animal no son un atajo, son una intoxicación en potencia. Al revés también conviene decirlo: si tu veterinario propone medicación, no es una derrota. En la encuesta de Riemer fue de lo más eficaz que se midió, y funciona mejor combinada con el entrenamiento, porque baja la ansiedad lo suficiente para que el animal vuelva a poder aprender.
Un plan de tres pasos para la próxima tormenta
Si del artículo entero te llevas tres cosas, que sean estas. Prepara el refugio hoy, con el cielo despejado, y dale valor con comida y juego. Durante la tormenta, cierra, ilumina, pon ruido de fondo y quédate disponible sin forzar el contacto: consolar no refuerza el miedo, pero sacar a un gato de su escondite sí lo empeora. Y empieza esta semana el trabajo de sonido a volumen bajo; si tu animal se hace daño, se escapa o no se recupera al día siguiente, esa conversación es con tu veterinario. El miedo a las tormentas responde bien cuando se trabaja. Lo que no funciona es esperar a la siguiente.
Preguntas frecuentes
¿Por qué mi perro se pone nervioso antes de que empiece la tormenta?
Porque la tormenta empieza para él antes que para ti: cae la presión, cambia la humedad y el olor del aire, el viento trae sonidos nuevos y llegan vibraciones de truenos lejanos que su oído capta y el tuyo no. Además ha aprendido que esas señales anuncian el estruendo, así que reacciona a los avisos y no solo al trueno.
¿Consolar a mi perro cuando tiene miedo refuerza el miedo?
No, es el mito más extendido sobre este tema. El refuerzo actúa sobre conductas voluntarias, no sobre una emoción involuntaria: acariciar a un perro asustado no lo vuelve más fóbico. Cuida la forma: caricias lentas y largas, voz normal, sin abrazos que lo inmovilicen y sin insistir si prefiere su refugio.
¿Puedo darle a mi perro un tranquilizante que tengo en casa?
No. Los medicamentos humanos, los restos de otro tratamiento o lo que le funcionó a otro animal pueden ser tóxicos, y las dosis no se extrapolan por peso ni entre especies. Además, algunos sedantes inmovilizan sin reducir la ansiedad: el animal se queda quieto y sigue aterrado. Esa elección es del veterinario, tras explorarlo.
¿Qué hago si mi gato se esconde debajo de la cama durante la tormenta?
Déjalo ahí. Esconderse es la estrategia normal del gato y funciona: sacarlo para consolarlo le quita lo único que le alivia y suele acabar en arañazos. Comprueba que el escondite tiene salida, deja agua cerca, baja las persianas, pon algo de ruido de fondo y espera a que salga solo, aunque tarde horas.
¿Funcionan los chalecos de presión, las feromonas y las orejeras para perros?
Son apoyos, no soluciones. En una encuesta con 1.225 propietarios, el chaleco de presión resultó eficaz para el 44 % y las feromonas y productos similares para menos de un tercio, frente al 70 % del contracondicionamiento con comida. Las orejeras restan algunos decibelios en perros habituados a llevarlas, nunca estrenadas en plena crisis. Merece la pena probarlos sin esperar de ellos lo que solo da el entrenamiento.
¿A qué edad conviene empezar a prevenir el miedo a los truenos?
Cuanto antes. La ventana de socialización va de las 3 a las 14 semanas en cachorros y de las 2 a las 7 en gatitos: exponerlos ahí a ruidos cotidianos y a tormentas grabadas a bajo volumen, en contexto positivo, es la prevención más barata que existe. En adultos se empieza igual, pero fuera de la temporada de tormentas.
¿Se cura el miedo a las tormentas?
Muchos animales mejoran mucho y algunos dejan de reaccionar, sobre todo si se coge pronto y se trabaja con desensibilización y contracondicionamiento. En fobias antiguas y severas el objetivo realista es pasar del pánico a una incomodidad manejable, con el animal a salvo y recuperándose rápido. Lo que casi nunca pasa es que se arregle solo: sin trabajo, tiende a ir a peor.
Fuentes y referencias
- New insight into dogs' fear responses to noise (Blackwell, Bradshaw y Casey, 2013) — University of Bristol, School of Veterinary Sciences
- Physiological and behavioral reactivity to stress in thunderstorm-phobic dogs and their caregivers — Applied Animal Behaviour Science, 2005
- Survey Shows Which Treatments Are Effective for Fireworks Fears in Dogs (Riemer) — American Veterinary Society of Animal Behavior (AVSAB), 2020
- Estrés, miedo y ansiedad asociados a sonidos en la especie felina — GEMCA — Grupo de Medicina del Comportamiento de AVEPA
- Start Preparing Your Cat for Thunderstorms and Fireworks Now — VCA Animal Hospitals
Este contenido tiene fines informativos y no sustituye la consulta veterinaria. Consulta siempre con tu veterinario antes de introducir cambios en la alimentación o suplementación de tu mascota.
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